En la Playa de Peloche

Escapada improvisada: Un oasis en Badajoz.

Último viaje del verano. Surge de manera improvisada. No es un destino llamativo. Me sorprende. Me atrapa.

Con esta sucesión de hechos o emociones puedo describiros mi último fin de semana de las vacaciones. Dejé Madrid para ir a un pueblo de Toledo, el último pueblo antes de entrar en Extremadura, llamado Puerto de San Vicente. Es un pueblo de los que todavía se conserva todo ese ambiente que rodeaba a los pueblos de época, donde no hay apenas cobertura y donde las horas se pasan como semanas. Cierto que las montañas que lo rodean lo enmarcan en un paraje muy vistoso, y entiendes de dónde viene su enorme fama por las cacerías que allí tienen lugar.

 

Continuando con el viaje, tomamos la carretera para dirijirnos a la provincia de Badajoz, a unos 30 km de nuestro origen, y nos detuvimos en un pueblo bastante conocido pero con tampoco mucho encanto, Herrera del Duque. Desayunamos y continuamos hacia nuestro destino original, el Pantano de Peloche que, si bien el pueblo guarda mas encanto siendo menos conocido, la playa artificial que tienen montada a orillas del pantano es espectacular.

 

Tras pasar unas horas allí, nos dirijimos a otro sitio recomendado para comer, a 2km de distancia, llamado “La barca del Tío Vito” (Si pincháis visitaréis su página de Facebook)aunque todo el mundo lo conoce como “La Barca” y es que es anunciado ya desde pueblos más grandes como Herrera del Duque, siendo además lugar donde acuden rostros conocidos a pasar una tranquila velada.

 

El sitio es un privilegio para la vista. En la falda de la montaña, a orillas del pantano, se encuentra este restaurante, siempre lleno pero tranquilo, enmarcado entre las montañas y el pantano. Nos sorpendío una zona de terraza chill out tipo camas balinesas, pero con sillones, con unas vistas inimaginables en el momento de partir de Puerto de San Vicente.

 

Decir que la comida era espectacular. Raciones abundantes y a un precio más que asequible. Nosotros pedimos secreto ibérico, ensalada típica de la zona, oreja al ajillo y bacalao frito. Éramos tres personas y no pudimos terminar, pues como he dicho, las raciones son impresionantes. Mención especial merece el secreto ibérico y el bacalao, crujiente por fuera y pero que se deshacía por dentro.

Terminamos con un postre típico de la casa que consistía en mouse de leche condensada con galleta y cubierta de nata que, pese a lo que lleva, no estaba nada empalagoso. Al final nos invitaron a unos chupitos.

Decir que si tenéis pensado ir, es conveniente que reservéis, ya que suele estar lleno. A nosotros nos dijeron que tuvimos bastante suerte de coger mesa así que mejor reservar.

Sin duda, altamente recomendable.

Os dejo unas fotos

Saludos. AM.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *